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viernes, mayo 02, 2008

Amenaza (conciencia de un depravado)



Que nadie ose tocar a la cándida inocencia

que no se acerque el perverso

disfrazándose de ingenuo

y pretendiendo salir ileso de sus hazañas;

el que a hierro mata el tiempo,

a fuego muere despacio

envuelto en pánico gris,

perseguido por la vida que olvidó el término medio.

Si apareces con las manos manchadas de miedo y culpa

no pidas perdón

en mi mundo,

-se para la rotación y comienza el juicio eterno-

en el que estás sentenciado

a ir con ella de la mano

(sin defensa y sin oficio):

la muerte de la inconsciencia,

la muerte de la esperanza,

la muerte que te amenaza

y se cumple a raja tabla.

Clavándose en tus entrañas

lentamente

infecciosa

convertida en tu reflejo,

en tu sombra,

consumiendo tus reservas

y borrando tus recuerdos,

atrofiando los sentidos que no mereces tener,

arrancándote los ojos,

figurativamente,

amputándote las manos

si te atreves a nombrarla (y no te muerdes la lengua)

vaciándote las venas

hasta que ya no me queden fuerzas para llorar...

y entonces cuando me mires (si consigues verte el alma)

estando frente al Diablo,

sabrás porque no te juzgo

sabrás cuál es tu sentencia;

sin reproches, sin excusas

obligado a redimirte

por la voz de tu Conciencia.

lunes, abril 28, 2008

Pájaros de vidrio I I

El poeta expuesto,

camina,

con las metáforas metidas en los bolsillos

(frágiles palabras envueltas)

como pájaros de vidrio

sobrevolando

niños con tirachinas, expertos.

Pájaros de vidrio I

La vaina, el pecíolo y el limbo

la hoja

devuelta

cubriendo bancales de limpias

semillas.

Agosto: septiembre me espera

sentado en la orilla

de tus otros ojos

de tus otras manos, de todas

las flores.

Oro, pienso y miro

para que no dudes de quien es

el fruto

cuando lo termines.

Vuelo sin pasaje buscando alimento

me poso en tu dedo

y me rompo al caer,

pájaros de vidrio llenos de semillas

en la estantería

junto a los recuerdos de tierras lejanas,

puntos de lectura,

flores disecadas,

velas con perfume

y una vieja pluma que salvé aquel día

de lluvia finita y gotas redondas,

de las que se esperan cuando ya se agrieta

la tierra

la piel

la esperanza

que al haberse roto derrama su esencia

por esas fisuras de cristal azul;

y vuelve a mi mano como cada año

cuando escojo un libro que me habla de ti

y me quedo viendo lo frágil que eres

vestido de vidrio

vacío de mi.