
Además de los atajos
y todo lo que he mostrado a lo largo del camino,
hay algo que se resiste a dejar que lleve a cabo
mi intención de abandonarte
y es tu curiosidad innata,
necesitas alimento para el alma y para el tiempo
y en esa misma medida
que tomé con las dos manos,
(como agua en movimiento)
que utilicé para poder verte desnudo de hambre,
vertiendo todos tus miedos en el transcurso del viaje
en el que además de anclarte
yo te susurraba versos.
Como alimento materno
combustibles
diferentes
transmisores,
aguafuertes
soñolientos
con cadenas,
colorados
azulados
como cabras trepadoras
se subían a tu alma
saltando de rama en rama
te paseaban el cuerpo,
te subían
te bajaban
olisqueando,
buscando
entreteniéndote el ánimo
animándote a escuchar
besos dulces al oído,
caramelos de sabores,
garrapiñadas de letras
crujientes cuando las sientes
bajando por tus sentidos,
palabras que se derriten
como chocolate blanco,
entre la lengua y los dientes
salían tus pensamientos
cuando querías mirarme
y yo te susurraba versos.
